Síndrome de Down
El
síndrome de Down (SD) es un trastorno genético causado por la presencia de una
copia extra del cromosoma 21 (o una parte del mismo), en vez de los dos
habituales, por ello se denomina también trisomía del par 21. Se caracteriza
por la presencia de un grado variable de discapacidad cognitiva y unos rasgos
físicos peculiares que le dan un aspecto reconocible. Es la causa más frecuente
de discapacidad cognitiva psíquica congénita1 y debe su nombre a John Langdon
Haydon Down que fue el primero en describir esta alteración genética en 1866,
aunque nunca llegó a descubrir las causas que la producían. En julio de 1958 un
joven investigador llamado Jérôme Lejeune descubrió que el síndrome es una
alteración en el mencionado par de cromosomas.
No
se conocen con exactitud las causas que provocan el exceso cromosómico, aunque
se relaciona estadísticamente con una edad materna superior a los 35 años. Las
personas con síndrome de Down tienen una probabilidad algo superior a la de la
población general de padecer algunas enfermedades, especialmente de corazón,
sistema digestivo y sistema endocrino, debido al exceso de proteínas
sintetizadas por el cromosoma de más. Los avances actuales en el descifrado del
genoma humano están desvelando algunos de los procesos bioquímicos subyacentes
a la discapacidad cognitiva, pero en la actualidad no existe ningún tratamiento
farmacológico que haya demostrado mejorar las capacidades intelectuales de
estas personas.2 Las terapias de estimulación precoz y el cambio en la
mentalidad de la sociedad, por el contrario, sí están suponiendo un cambio
positivo en su calidad de vida.
Síntomas
Los
síntomas del síndrome de Down varían de una persona a otra y pueden ir de leves
a graves. Sin embargo, los niños con síndrome de Down tienen una apariencia
característica ampliamente reconocida.
La
cabeza puede ser más pequeña de lo normal y anormalmente formada. Por ejemplo,
la cabeza puede ser redonda con un área plana en la parte de atrás. La esquina
interna de los ojos puede ser redondeada en lugar de puntiaguda.
Los
signos físicos comunes abarcan:
·
Disminución
del tono muscular al nacer
·
Exceso de piel en la nuca
·
Nariz achatada
·
Uniones separadas entre los huesos del cráneo
(suturas)
·
Pliegue único en la palma de la mano
·
Orejas pequeñas
·
Boca pequeña
·
Ojos inclinados hacia arriba
·
Manos cortas y anchas con dedos cortos
·
Manchas blancas en la parte coloreada del ojo
(manchas de Brushfield)
En
el síndrome de Down, el desarrollo físico es a menudo más lento de lo normal y
la mayoría de los niños que lo padecen nunca alcanzan su estatura adulta
promedio.
Los
niños también pueden tener retraso en el desarrollo mental y social. Los
problemas comunes pueden abarcar:
·
Comportamiento impulsivo
·
Deficiencia en la capacidad de discernimiento
·
Período de atención corto
·
Aprendizaje lento
A
medida que los niños con el síndrome de Down crecen y se vuelven conscientes de
sus limitaciones, también pueden sentir frustración e ira.
Muchas
afecciones diferentes se observan en los bebés nacidos con síndrome de Down,
incluyendo:
·
Anomalías congénitas que comprometen el
corazón, como la comunicación
interauricular o lacomunicación
interventricular
·
Se puede observar demencia
·
Problemas de los ojos como cataratas (la
mayoría de los niños con síndrome de Down necesitan gafas)
·
Vómito temprano y profuso, que puede ser un
signo de bloqueo gastrointestinal, como atresia
esofágicay atresia
duodenal
·
Problemas auditivos, probablemente causados
por infecciones regulares del oído
·
Problemas de la cadera y riesgo de dislocación
·
Problemas prolongados (crónicos) de estreñimiento
·
Apnea del
sueño (debido a que la boca, la garganta y las vías
respiratorias son estrechas en los niños con síndrome de Down)
·
Dientes que aparecen más tarde de lo normal y
en un lugar que puede causar problemas con la masticación
·
Tiroides hipoactiva (hipotiroidismo)
Historia del síndrome de Down
El
dato arqueológico más antiguo del que se tiene noticia sobre el síndrome de
Down es el hallazgo de un cráneo sajón del siglo VII, en el que se describieron
anomalías estructurales compatibles con un varón con dicho síndrome. También
existen referencias a ciertas esculturas de la cultura olmeca que podrían
representar a personas afectadas por el Síndrome de Donw.
La pintura al temple sobre madera “La Virgen y el Niño” de Andrea Mantegna (1430-1506) parece representar un niño con rasgos que evocan los de la trisomía, así como el cuadro de Sir Joshua Reynolds (1773) “Retrato de Lady Cockburn con sus tres hijos”, en el que aparece uno de los hijos con rasgos faciales típicos del SD.
El
primer informe documentado de un niño con SD se atribuye a Étienne Esquirol en
1838, denominándose en sus inicios “cretinismo” o “idiocia furfurácea”. P.
Martin Duncan en 1886 describe textualmente a “una niña de cabeza pequeña,
redondeada, con ojos achinados, que dejaba colgar la lengua y apenas pronunciaba
unas pocas palabras”.
En
ese año el médico inglés John Langdon Down trabajaba como director del Asilo
para Retrasados Mentales de Earlswood, en Surrey, realizando un exhaustivo
estudio a muchos de sus pacientes. Con esos datos publicó en el London Hospital
Reports un artículo titulado: “Observaciones en un grupo étnico de retrasados
mentales” donde describía pormenorizadamente las características físicas de un
grupo de pacientes que presentaban muchas similitudes, también en su capacidad
de imitación y en su sentido del humor.
Las
primeras descripciones del síndrome achacaban su origen a diversas enfermedades
de los progenitores, estableciendo su patogenia con base en una involución o
retroceso a un estado filogenético más “primitivo”.
John Langdon Haydon Down
Alguna
teoría más curiosa indicaba la potencialidad de la tuberculosis para “romper la
barrera de especie”, de modo que padres occidentales podían tener hijos
“orientales” (o “mongólicos”, en expresión del propio Dr. Down, por las
similitudes faciales de estos individuos con los grupos nómades del centro de
Mongolia). Tras varias comunicaciones científicas, finalmente en 1909 G. E.
Shuttleworth menciona por primera vez la edad materna avanzada como un factor
de riesgo para la aparición del síndrome. De camino a la denominación actual el
síndrome fue rebautizado como “idiocia calmuca10 ” o “niños inconclusos”.
En
cuanto a su etiología, es en el año 1932 cuando se hace referencia por vez
primera a un reparto anormal de material cromosómico como posible causa del SD.
En 1956 Tjio y Levan demuestran la existencia de 46 cromosomas en el ser humano
y poco después, en el año 1959 Lejeune, Gautrier y Turpin demuestran que las
personas con SD portan 47 cromosomas. (Esto último lo demostró de manera
simultánea la inglesa Pat Jacobs, olvidada a menudo en las reseñas históricas).
En
1961 un grupo de científicos (entre los que se incluía un familiar del Dr.
Down) proponen el cambio de denominación al actual “Síndrome de Down”, ya que
los términos “mongol” o “mongolismo” podían resultar ofensivos. En 1965 la OMS
(Organización Mundial de la Salud) hace efectivo el cambio de nomenclatura tras
una petición formal del delegado de Mongolia.13 El propio Lejeune propuso la
denominación alternativa de “trisomía 21” cuando, poco tiempo después de su
descubrimiento, se averiguó en qué par de cromosomas se encontraba el exceso de
material genético.
Epidemiología
La
incidencia global del síndrome de Down se aproxima a uno de cada 700
nacimientos (15/10.000), pero el riesgo varía con la edad de la madre. La
incidencia en madres de 15-29 años es de 1 por cada 1,500 nacidos vivos; en
madres de 30-34 años es de 1 por cada 800; en madres de 35-39 años es de 1 por
cada 385; en madres de 40-44 años es de 1 por cada 106; en madres de 45 años es
de 1 por cada 30.
El
ECEMC (Estudio Colaborativo Español de Malformaciones Congénitas) informaba en
el año 2004 de una prevalencia neonatal de 7,11 cada 10.000 recién nacidos, con
tendencia a disminuir de manera estadísticamente significativa. Esta tendencia,
junto con el aumento relativo de casos en mujeres por debajo de 35 años, se
atribuye al aumento de interrupciones voluntarias del embarazo tras el
diagnóstico prenatal en mujeres por encima de esa edad.15 Parece existir una
relación estadística (sin que se conozcan los mecanismos exactos) entre algunas
enfermedades maternas como hepatitis, Mycoplasma hominis tipo 1, Herpes simple
tipo II y diabetes16 y un aumento en la incidencia de aparición de SD; no
obstante esa relación estadística no es tan intensa como en el caso de la edad
materna. Algún autor17 también ha relacionado la baja frecuencia coital, así
como el uso de anovulatorios y espermicidas con la aparición del síndrome.
La
probabilidad de tener un hijo con SD es mayor a la media para aquellos padres
que ya han tenido otro previamente. Típicamente la probabilidad de tener otro
hijo con SD en cada embarazo subsiguiente es de una por cada cien recién
nacidos vivos, esto hay que ponderarlo para cada caso con el riesgo propio de
la madre según su edad. Los antecedentes familiares igualmente incrementan ese
riesgo.
Los
varones con síndrome de Down se consideran estériles, pero las mujeres
conservan con frecuencia su capacidad reproductiva. En su caso también se
incrementa la probabilidad de engendrar hijos con SD hasta un 50%, aunque
pueden tener hijos sin trisomía.
Genética
Las
células del ser humano poseen cada una en su núcleo 23 pares de cromosomas.
Cada progenitor aporta a su descendencia la mitad de la información genética,
en forma de un cromosoma de cada par. 22 de esos pares se denominan autosomas y
el último corresponde a los cromosomas sexuales (X o Y).
Tradicionalmente
los pares de cromosomas se describen y nombran en función de su tamaño, del par
1 al 22 (de mayor a menor), más el par de cromosomas sexuales antes mencionado.
El cromosoma 21 es el más pequeño, en realidad, por lo que debería ocupar el
lugar 22, pero un error en la convención de Denver del año 1960, que asignó el
síndrome de Down al par 21 ha perdurado hasta nuestros días, manteniéndose por
razones prácticas esta nomenclatura.19
El
cromosoma 21 contiene aproximadamente el 1% de la información genética de un
individuo en algo más de 400 genes, aunque hoy en día sólo se conoce con
precisión la función de unos pocos.
Síndrome de Rett
El
síndrome de Rett es una enfermedad congénita con compromiso neurológico que
afecta la gran mayoría de las veces a sujetos del sexo femenino.
La
enfermedad no es evidente en el momento del nacimiento, se manifiesta
generalmente durante el segundo año de vida, y en todos los casos antes de los
4 años. Afecta aproximadamente a 1 niña de cada 10.000 nacidas vivas. Puede
observarse retraso grave en la adquisición del lenguaje y de la coordinación
motriz, así como retraso mental grave o severo. La pérdida de las capacidades
es por lo general persistente y progresiva.
El
síndrome de Rett provoca grave discapacidad en todos los niveles, haciendo al
enfermo dependiente de los demás para el resto de la vida. Toma su nombre del
médico austríaco Andreas Rett, que fue el primero en describir la enfermedad en
1966.
Se
estima que el síndrome de Rett afecta a una de cada 10.000 niñas. Ocurre en
todos los grupos raciales y étnicos a nivel mundial. Afecta principalmente a
mujeres. Existen exámenes prenatales disponibles para las familias que tengan
una hija en la que se haya identificado una mutación de tipo MECP2.
Debido
a que el trastorno ocurre espontáneamente en la mayoría de los individuos
afectados, el riesgo de que una familia tenga una segunda niña con el trastorno
es de menos del 1 por ciento.
Posibles causas
Parece
deberse a una anomalía del cromosoma X dominante sobre su brazo largo (Xq28),
en la posición MECP2, encargada de la producción de la proteína homónima.
También se han observado casos en que, incluso estando presente esta anomalía,
los sujetos no satisficieron los criterios que definen el síndrome de Rett.
En
1999 los científicos identificaron el gen que se cree controla las funciones de
otros genes. Cuando funciona normalmente, el gen MECP2 contiene instrucciones
para la síntesis de una proteína llamada proteína metilo citosina de enlace 2
(MeCP2), que actúa como uno de los muchos interruptores bioquímicos que indican
a otros genes cuándo dejar de funcionar y parar de producir sus propias
proteínas. Debido a que el gen MECP2 no funciona correctamente en las personas
que padecen del síndrome de Rett, se forman cantidades escasas de dicha
proteína. La ausencia de la proteína hace que otros genes se activen y se
mantengan activos en las etapas inadecuadas, generando cantidades excesivas de
proteína. A largo plazo, esto puede causar los problemas de desarrollo
neurológico que son característicos en este trastorno.
En
los últimos años ha habido avances esperanzadores para los afectados y sus
familias. Adrian Bird y su equipo, de la universidad de Edimburgo, han
experimentado con ratones y demostrado que los síntomas de la enfermedad no son
irreversibles, aunque el camino por recorrer es largo, este descubrimiento
constituye una gran esperanza para el futuro de las afectadas por el síndrome
de Rett.
Entre
el setenta y el ochenta por ciento de las niñas diagnosticadas con el síndrome
de Rett tienen la mutación genética de tipo MECP2. Los científicos creen que 20
a 30 por ciento de los casos restantes pueden deberse a mutaciones en otras
partes del gen o a genes que todavía no han sido identificados, por lo que
continúan investigando otras mutaciones.
Aunque
el síndrome de Rett es un trastorno genético, es decir, que resulta de un gen o
genes defectuosos, en menos del 1 por ciento de los casos registrados se hereda
o se transmite de una generación a la siguiente. La mayoría de los casos son
esporádicos, lo que significa que la mutación ocurre al azar y no se hereda.
Diagnóstico
Tras
una fase inicial de desarrollo normal, se asiste a una detención del desarrollo
y luego a un retroceso o pérdida de las capacidades adquiridas. Se observa una
disminución de la velocidad de crecimiento del cráneo (de tamaño normal al
nacimiento) con respecto al resto del cuerpo entre los primeros 5 y 48 meses de
vida.
Se
ha observado un desarrollo psicomotor normal dentro de los primeros 5 meses de
vida. Posteriormente se deterioran las capacidades manuales anteriormente
desarrolladas y aparecen movimientos estereotipados de las manos (agitarlas,
morderlas, retorcerlas). Se observa también una progresiva pérdida de interés
por el entorno social, que en algunos casos reaparece con la adolescencia.
Otro
síntoma, la apraxia -la incapacidad de realizar funciones motoras- es quizás la
característica más debilitante del síndrome de Rett. La apraxia interfiere con
todos los movimientos del cuerpo, incluyendo la fijación de la mirada y el
habla.
Los
individuos que padecen del síndrome de Rett a menudo presentan comportamientos
autistas en las primeras etapas. Otros síntomas pueden incluir caminar con la
punta de los pies, problemas del sueño; marcha con amplia base de sustentación
(es decir, con las piernas muy separadas); rechinar o crujir los dientes y
dificultad para masticar; crecimiento retardado; incapacidades cognoscitivas
(del aprendizaje e intelecto) y dificultades en la respiración al estar
despierto que se manifiestan por hiperventilación, apnea y aspiración de aire.
También
pueden estar presentes anomalías del electrocardiograma, epilepsia (más del 50%
de las personas enfermas ha tenido al menos una crisis epiléptica), rigidez
muscular que puede provocar deformidad y atrofias musculares, deambulación (en
cerca del 50% de los sujetos), escoliosis y retraso del crecimiento.
Síndrome de Asperger
El síndrome de Asperger o trastorno de Asperger es un
conjunto de condiciones mentales y conductuales que forma parte de los
trastornos del espectro de autista. Se encuadra dentro de los trastornos
generalizados del desarrollo. La persona afectada muestra dificultades en la
interacción social y en la comunicación de gravedad variable, así como actividades
e intereses en áreas que suelen ser muy restringidas y en muchos casos
estereotípicas.
Se diferencia del autismo infantil temprano descrito por
Kanner y de otras formas menos específicas en que en el trastorno de Asperger
no se observa retraso en el desarrollo del lenguaje, no existiendo una
perturbación clínicamente significativa en su adquisición. No hay retardo, por
ejemplo en la edad de aparición de las primeras palabras y frases, aunque
pueden existir particularidades cualitativas (por ejemplo gramaticales) que
llamen la atención, así como una preservación generalizada de la inteligencia.
Aunque la edad de aparición y detección más frecuente se sitúa en la infancia
temprana, muchas de las características del trastorno se hacen notorias en
fases más tardías del desarrollo, cuando las habilidades de contacto social
comienzan a desempeñar un papel más central en la vida de la persona.
Historia
El término fue utilizado por primera vez por Lorna Wing
en 1981 en una revista de psiquiatría y psicología, denominándolo así en
reconocimiento del trabajo previo de Hans Asperger (1906-1980), un psiquiatra y
pediatra austríaco que había descrito el síndrome ya en 1943 (en su trabajo
para la habilitación como profesor y que publicó un año más tarde) es decir,
casi concomitantemente con la descripción del autismo infantil realizada por
Leo Kanner. Asperger utilizó la expresión «psicopatía autista», la que se
prestaba a confusiones por la asociación del término «psicopatía» con
individuos de personalidad antisocial. Según Wing, Asperger solo quiso usar la
palabra «psicopatía» en el sentido técnico simple de «personalidad patológica».
Sin embargo, los trabajos de Hans Asperger respecto del trastorno no fueron muy
conocidos y finalmente se extraviaron durante el incendio de su clínica, de
modo que sus investigaciones permanecieron ignoradas por la comunidad
psiquiátrica, hasta que Lorna Wing los retomara. El reconocimiento
internacional del Asperger como entidad clínica ocurrió en la década de 1990 y
fue incorporado por primera vez en el Manual Estadístico de Diagnóstico de
Trastornos Mentales en su cuarta edición de 1994 (DSM-IV); es decir, cincuenta
años después de que Asperger publicara por primera vez acerca del trastorno.
El síndrome de Asperger es un diagnóstico relativamente
nuevo en el campo del autismo. Según algunos autores, el propio Asperger,
cuando era niño, podría haber presentado algunas de las características de la
condición que lleva su nombre, tales como la lejanía y el talento en el
lenguaje. La descripción que realizó Asperger en 1943 se basó en cuatro casos
clínicos de niños de su clientela6 que tenían dificultades para integrarse
socialmente. Estos niños carecían de habilidades de comunicación no verbal, no
podían demostrar empatía con sus compañeros, y eran torpes físicamente.
Asperger describió la "psicopatía autista" como fundamentalmente marcada
por el aislamiento social. Cincuenta años más tarde, se han propuesto de manera
tentativa variadas estandarizaciones del síndrome de Asperger como entidad
diagnóstica, muchas de las cuales difieren significativamente del trabajo
original de Asperger.
A diferencia de la descripción que el mismo Asperger hizo
en su tiempo de la psicopatía autista, resaltando su capacidad cognitiva
superior, hoy se describe el síndrome de Asperger en personas de todos los
niveles de inteligencia, incluyendo aquellos con retraso mental. En el contexto
de la política de la eugenesia nazi de esterilizar y matar a las personas
socialmente diferentes o a los discapacitados mentales, Asperger defendió
apasionadamente el valor de las personas autistas, escribiendo cosas como:
«Estamos convencidos, por tanto, de que las personas
autistas tienen su lugar en el organismo de la comunidad social. Cumplen bien
su papel, quizás mejor que lo que cualquier otro podría hacerlo, y estamos
hablando de personas que en su infancia tuvieron la mayores dificultades y
causaron indecibles preocupaciones a sus cuidadores».
Asperger también llamó a sus jóvenes pacientes
"pequeños profesores", y creyó que, más adelante en la vida, algunos
serían capaces de logros excepcionales y pensamientos originales. Su artículo,
fue publicado durante la guerra y en alemán, de modo que aún antes del incendio
de su consultorio no llegó a ser muy ampliamente leído en otros lugares del
mundo hasta la retoma del término por Lorna Wing.
El año 2006 fue declarado el «Año Internacional del
Síndrome de Asperger», por cumplirse en ese año el centenario del nacimiento de
Hans Asperger y el vigesimoquinto aniversario del momento en que la psiquiatra
Lorna Wing diera a conocer internacionalmente el trastorno. A partir del año
2007, el día 18 de febrero ha sido declarado Día Internacional Asperger en
recuerdo del nacimiento de Hans Asperger.
Epidemiología
Las estimaciones realizadas acerca de la prevalencia del
trastorno son muy variables. Una revisión de los estudios epidemiológicos
infantiles realizada en el año 2003 encontró que los ratios de prevalencia
oscilaban entre los 0.03 y los 4.84 casos por cada 1000 individuos. La
proporción de casos de autismo por cada caso de Asperger variaba desde 1.5:1
hasta 16:1.13 A partir de estos datos, se puede extraer una media geométrica de
proporción Autismo/Asperger de 5:1. Combinando este dato con una estimación conservadora
de la prevalencia del autismo (1,3 casos por cada 1000 individuos), puede
deducirse de forma indirecta que la prevalencia del SA puede oscilar en torno a
los 0,26 casos por cada 1000 individuos. Se estima que más de la mitad de los
casos alcanzan la edad adulta sin diagnóstico.
Parte de la variabilidad que se observa en las distintas
estimaciones se deriva de las diferencias existentes entre los diferentes
criterios diagnósticos. Por ejemplo, un estudio relativamente reducido del año
2007 realizado en Finlandia sobre una muestra de 5484 niños de ocho años halló
que 2,9 de cada 1000 niños cumplían los criterios establecidos por la CIE-10
para el diagnóstico del Asperger; 2,7 de cada 1000 cumplían los criterios de
Gillbert y Gillbert; 2,5 cumplían los del DSM-IV; y 1,6 cumplían los de
Szatmari et al. Parece que los niños muestran una mayor predisposición que las
niñas a padecer el síndrome; las estimaciones sobre esta ratio varían desde una
proporción de 1,6:1 hasta una de 4:1, según los criterios de Gillberg y
Gillberg.
El trastorno de ansiedad y el trastorno depresivo mayor
son las dos enfermedades que más comúnmente se manifiestan a la vez. Se estima
que en un 65 % de los casos de Asperger, existe comorbilidad con estos dos
trastornos.17 La depresión es habitual en adolescentes y adultos; los niños son
más proclives a presentar un TDAH.18 Algunos estudios han asociado el SA con
enfermedades médicas como la aminoaciduria y la hiperlaxitud, pero se trata de
casos aislados o de estudios poco extensos.17 Un trabajo realizado sobre
varones con SA reveló un porcentaje elevado de epilepsia, así como de un
trastorno de aprendizaje no verbal (51 %).También se ha asociado el SA con los
tics, el síndrome de Tourette y el trastorno bipolar. Además, las conductas
repetitivas características del SA guardan muchas similitudes con la
sintomatología asociada al trastorno obsesivo-compulsivo y al trastorno de personalidad
obsesivo-compulsiva. No obstante, muchos de estos estudios se basan en muestras
clínicas, o carecen de mediciones estandarizadas. En cualquier caso, es
relativamente frecuente la presencia de trastornos concomitantes.
Síndrome de Prader-Willi
El
síndrome de Prader-Willi (SPW) es una alteración genética descrita en el año
1956 por los doctores suizos Andrea Prader, Alexis Labhart y Heinrich Willi, en
nueve pacientes que presentaban un cuadro clínico de obesidad, talla baja,
hipogonadismo, criptorquidia y alteraciones en el aprendizaje tras una etapa de
hipotonía muscular pre- y posnatal, además de una discapacidad intelectual de
leve a moderada.
La
incidencia y frecuencia publicada es muy variable, aceptándose que entre 1 de
cada 10.000 niños y 1 de cada 30.000 niñas (en función de las poblaciones) nace
con esta compleja alteración genética. Considerada una enfermedad rara, parte
de su complejidad se basa en el amplio rango de manifestaciones clínicas y en
su variable grado de severidad.
Síntomas
Se
conoce como síndrome a un conjunto de síntomas y signos significativos, que
aunque en determinadas ocasiones puede ser debido en exclusiva a una
enfermedad, es por lo general de naturaleza compleja y con diversas causas y
manifestaciones. La genética de la enfermedad es bastante compleja, y es un
ejemplo clásico de lo que se conoce como impronta genética.
Este
síndrome altera el funcionamiento del hipotálamo, una sección del diencéfalo
cuyas funciones incluyen, entre otras, el control del apetito lo que provoca
que carezcan de sensación de saciedad. La observación clínica y algunos
trabajos de investigación, han demostrado una diferencia entre “sensación de
hambre” y “falta de saciedad”. Un error muy común es pensar que la búsqueda
incesante de “comida” se debe a un “hambre excesiva”. La alimentación de las
personas con SPW necesita estar supervisada constantemente, además de seguir
una dieta estricta.
Uno de los aspectos más importantes a
tratar es el hábito alimenticio.
Provoca
asimismo deficiencia del tono muscular, un alto porcentaje de grasa en el
organismo y falta de energía. Todas estas condiciones reducen las necesidades
calóricas de los niños y adultos que tienen este síndrome a dos tercios de la
necesidad calórica estándar.
Si
bien el trastorno alimenticio es el síntoma más evidente y el que demanda más
tiempo, además de su mayor riesgo vital, es sólo un aspecto de esta compleja
dolencia. Al principio, los bebés que tienen este síndrome se alimentan de
forma deficiente y no aumentan de peso, ya que la debilidad de su tono muscular
reduce su capacidad de succión.
El
síndrome de Prader-Willi también puede provocar crecimiento y maduración
incompletos, facciones características, problemas del comportamiento,
dificultades respiratorias, comportamiento obsesivo-compulsivo (como hurgarse
en lesiones en la piel, pensamientos y acciones repetitivos y una fuerte
necesidad de seguir una rutina), disfunciones en la temperatura corporal,
resistencia al dolor, retraso en el desarrollo del aprendizaje y, en dos
terceras partes de los casos, imposibilidad de vomitar. Alguno puede llegar a
comerse cualquier cosa, y los medicamentos para inducir al vómito son
ineficaces y pueden resultar tóxicos.
La
hipopigmentación suele ser también una característica de estos pacientes.
Características
A nivel cognitivo, estas personas normalmente tienen
buena memoria a largo plazo, buena organización perceptiva, buena habilidad
para reconocer y evaluar relaciones espaciales, buena decodificación y
comprensión lectora y un buen vocabulario expresivo. Sin embargo, suelen
presentar: falta de procesamiento secuencial de la información, dificultades en
la aritmética, pobre memoria a corto plazo (por ejemplo, les cuesta recordar
cadenas de información, como pueden ser órdenes por lo que se tacha muchas
veces al niño de desobediente), tienen dificultades de atención y concentración
y habilidades motoras finas relacionadas con la planificación motriz, el tono o
la fuerza.
Habla y del lenguaje en personas con SPW
El
patrón de desarrollo del lenguaje en las personas con Síndrome de Prader Willi
es el mismo que el de toda la población aunque el ritmo es más lento. De esta
manera, sus primeras palabras suelen aparecer en torno a los dos años y medio y
la producción verbal significativa a menudo es escasa antes de los cuatro años.
Algunas
de las características más importantes que a nivel lingüístico presentan los
sujetos con SPW son:
·
Los errores más comunes son: las distorsiones,
las omisiones, simplificaciones de fonemas y dificultades en la secuenciación
de sílabas.
·
Suelen tener un tono de voz inadecuado (bajo
para las niñas y alto para los niños) y presentar hipernasalidad (debido a las
dificultades de la función motora oral).
·
Carecen de un amplio vocabulario.
·
El pensamiento concreto y la falta de
experiencias provocan dificultades en la generalización de conceptos.
·
Dificultades en la compresión de oraciones
negativas e interrogativas ya que exigen cierto nivel de abstracción y
capacidad de ponerse en el lugar del otro.
·
Suelen tener mayores problemas en las
construcciones sintácticas que en las morfológicas.
·
Tienen limitaciones para construir frases ya
que esto exige creatividad y capacidad de organizar y combinar distintos
elementos.
·
La estructuración de la oración suele ser más
lenta y las producciones suelen ser incorrectas e incompletas. Suele ser poco
frecuente la utilización de nexos y de oraciones compuestas.
·
El uso del lenguaje está muy relacionado con
el propio nivel lingüístico de la persona, con el ambiente que le rodea y con
la cantidad y calidad de las interacciones verbales de su experiencia.
·
La falta de comprensión de los mensajes, les
lleva muchas veces a mantener conversaciones sin sentido o a la inhibición y al
desinterés comunicativos.
·
El carácter sociable y tímido de estas
personas es un aspecto favorecedor en el uso del lenguaje, aunque en las
situaciones comunicativas se observan problemas relacionados con la proximidad
física al hablar, el respeto del turno de palabras, la posición de escucha.
Conductas
Las personas con SPW suelen tener un patrón conductual
específico en el que se observan fluctuaciones significativas según la edad.
Los niños pequeños suelen ser alegres, afectuosos, complacientes y cooperadores
hasta que sobre los 6 u 8 años se vuelven más rígidos, irritables y
emocionalmente más inseguros. Así comienzan a tener conductas como engullir
toda la comida disponible, impaciencia, ataques de ira, enfados, distracciones,
problemas de comunicación e impulsividad, suelen ser manipuladores, mentirosos,
hábiles, caprichosos, egocéntricos; con frecuencia muestran conductas
autolesivas y tienen pocas habilidades interpersonales. Las habilidades de
cooperación suelen estar más alteradas, aunque éstas mejoran con la edad.
En las actividades de la vida diaria, las personas con
SPW se desenvuelven relativamente bien. Destacan especialmente en las
habilidades domésticas de preparación de la comida (en los casos en los que se
les permite y no les genera demasiado estrés) y en tareas de auto-ayuda.
Debido a que la familia supervisa permanentemente todo lo
que tiene que ver con la comida, se desenvuelven en un área donde no tiene
ningún control. En un intento por relacionarse o luchar con el mundo, se encierran
en lo que saben (o creen saber), evitando la inclusión de cualquier información
contradictoria, y cuando esto último sucede, se muestran ansiosos y agitados e
incluso se esfuerzan aún más por adquirir un control interno mayor; pero no
pueden, y en estos casos se dan conflictos emocionales.
Síndrome del X frágil
o síndrome de Martin-Bell
El
síndrome del X frágil (SXF), también conocido como síndrome de Martin-Bell, es
un trastorno hereditario que ocasiona retraso mental, pudiendo ser éste desde
moderado a grave, y siendo la segunda causa genética del mismo, sólo superada
por el síndrome de Down.
Afecta
tanto a varones como a mujeres, si bien hay diferencias en las manifestaciones
y en la incidencia del mismo. En varones, la incidencia es de 1 de cada 1.200,
mientras que en mujeres es de 1 de cada 2.500, estando esta diferencia entre
sexos estrechamente relacionada con la causa genética del síndrome.
La
causa genética del síndrome es un tipo de mutación conocido como expansión de
repeticiones de trinucleótidos, que supone el incremento en la descendencia del
número de repeticiones de tres bases del ADN. Este tipo de mutación está
asociado con el fenómeno de la anticipación, que se manifiesta como un aumento
de la gravedad de los síntomas en sucesivas generaciones.
La
mutación que origina el síndrome afecta a una región del cromosoma X en la que
se sitúa el gen FMR-1. La expansión del trinucleótido tiene lugar en la región
reguladora del gen, siendo este trinucleótido CGG (Citosina-Guanina-Guanina).
Cuando el número de repeticiones supera el valor umbral de 230 repeticiones se
produce la metilación del gen y, por tanto, éste pierde su función, produciendo
así el síndrome del X frágil.
El
producto de este gen, la proteína FMRP (siglas de Fragil X syndrome Mental
Retardation Protein), puede encontrarse tanto en el núcleo como en el
citoplasma, y a pesar de que su función es aún poco conocida, se ha visto que
presenta la capacidad de unirse a determinados ARN mensajeros, por lo que dicha
proteína podría estar implicada en el transporte de estos desde el núcleo hasta
el citoplasma para su traducción.
Síntomas
Las
características principales de este síndrome, si bien individualmente no son
exclusivas de este trastorno, han de tenerse muy en cuenta en personas con
autismo, retraso mental o problemas con el aprendizaje. La posesión de varios
de estos rasgos y síntomas por parte de una persona puede hacer sospechar la
presencia del síndrome y debe optarse por realizar el diagnóstico oportuno,
dado que se trata de una enfermedad familiar.
Dichos
rasgos son retraso mental profundo, especialmente en varones, aumento del
volumen testicular por encima de 30mL (macroorquidismo) y peculiaridades
faciales y del tejido conectivo.
Debido
a una reducción de la distancia intercigomática la forma del rostro es más
alargada de lo habitual. Otras características faciales y craneanas típicas, si
bien no tienen por qué encontrarse en todos los pacientes, son macrocefalia,
rostro áspero, frente amplia, cejas prominentes y orejas largas, a menudo con
inserción baja. En cuanto al macroorquidismo, en la mayoría de los casos no se
manifiesta hasta pasada la pubertad, si bien se han detectado algunos casos de
macroorquidismo congenito. En lo referente al tejido conectivo, el paciente
puede presentar escoliosis, articulaciones laxas y pies planos. Otros rasgos
físicos son pecho excavado, válvula mitral prolapsa, leve dilatación de la
aorta ascendente y heterotopía periventricular. Los cambios neuroanatómicos en
el cerebro de individuos con el síndrome de X frágil incluyen un agrandamiento
del núcleo caudado, del hipocampo, y ventrículos laterales. El vermis
cerebeloso es más pequeño de lo normal. El tamaño del cerebelo está
correlacionado con el nivel cognitivo, incluyendo la función ejecutiva.
En
lo referente a rasgos psíquicos, el más significativo es el retraso mental,
siendo más acentuado en los varones y generalmente profundo (aunque en algunos
casos puede ser moderado), mientras que en las mujeres suele ser leve. El CI de
los afectados varones se situá entre 35 y 45, mientras que en el caso de las
mujeres afectadas el CI está menos afectado, situandose entre 60 y 80. Además,
estas presentan signos somáticos más leves. Esto es debido al mosaicismo que
presentan las mujeres, debido a la heterocromatinización al azar de uno de sus
cromosomas X en cada célula durante el desarrollo embrionario. Aproximadamente
el 70% de las mujeres con la mutación completa tienen un déficit cognitivo en
el límite o en el rango de retraso mental, mientras que aproximadamente el 85%
de los varones con la mutación completa son retrasados mentales. Los varones
que presentan un menor retraso e incluso carecen de él, usualmente presentan
mosaicismo, es decir, algunas células poseen premutación y otras mutación
completa o no presentan metilación a pesar de poseer la mutación completa.
También son frecuentes los movimientos estereotipados de la cabeza y las manos
y las manifestaciones psiquiátricas y de personalidad, así como la
hiperactividad y el autismo. Generalmente, los pacientes de síndrome del X
frágil presentan pobre o nulo contacto visual y son habituales los periodos de
agresividad alternados con periodos de notable timidez. También son habituales
las dificultades en el uso del lenguaje y en el aprendizaje, especialmente de
las matemáticas, y los problemas de integración sensorial debidos a la
dificultad para comprender los estímulos (visuales, auditivos o táctiles), así
como el rechazo sistemático a nuevos estímulos.




SALUDOS MTRO. MARCO ANTONIO.
ResponderBorrarLE FELICITO POR LA CREACIÓN DE SU BLOG.
ESTA MUY COMPLETO...SIGA INTENTANDO LO DE LOS VIDEOS U OTROS LINK´S.
SI VIERA CUANTAS COMPLICACIONES TENEMOS LOS DOCENTES POR NO SABER DETECTAR CADA TRASTORNO Y SIMPLEMENTE NOS GUIAMOS POR LO APRIORI SIN SABER QUE EN REALIDAD SE NECESITA UN BUEN DIAGNOSTICO PARA MEJORAR LAS HABILIDADES DE LOS ALUMNOS.
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MTRO. LECM